3/12/08

LA MARCHA DEL SILENCIO SE DEJO OIR



“Checa que no te sigan y nunca andes sola”, eran las palabras de mi madre después de enterarse que habían secuestrado a mis primos. El común denominador de aquella marcha eran las caras que reflejaban la indignación y miedo. La tensión que en el aire se sentía era indescriptible. El color blanco de la ropa que ese día las personas llevaban puestos denotaba la paz que todo México necesita y las velas encendidas la esperanza que no se puede dejar apagar. Y se dejó escuchar por un largo tiempo el silencio.
Desde la salida que tuvo lugar en el centro comercial Cosco, se sentía una gran motivación y se podía oler la pureza de la gente que se había reunido por una sola exigencia: “¡ No mas secuestros, no más violencia!. En la marcha fue común el sentimiento de enojo, impotencia y de dolor. No se podría saber cuántas de esas personas habrían ya experimentado ese dolor tan grande de la privación de la libertad o perder un ser amado en manos de estos delincuentes.

Las exigencias

Las exigencias eran mínimas para el deber de los gobiernos de Morelos y México entero: “¡Ya basta!”… “¡No más secuestros”. Esto y más se dejaba escuchar por voces fuertes sostenidas por la voluntad de cambiar los problemas de inseguridad que aquejan al país. Se pudieron escuchar en la caminata varios comentarios despectivos en contra del gobierno de Felipe Calderón, se insinuaba esto: “Le quedo grande el chaleco”… “¿Y no que iba a acabar con la inseguridad?”.
Había mucha gente conmovida y se dejaron caer lágrimas que absorbía la ropa blanca de algodón, eran personas sensibles que traían pancartas con lemas como: “¡Sino pueden renuncien!”. No se pedía nada que no pudieran ellos realizar desde sus cargos bien pagados y cómodos. La mayor exigencia era que desquitaran su sueldo y se pusieran a trabajar.

No sabrás si no experimentas

Como a la mitad de la marcha, con la emoción de ver a tanta gente reunida, no me percaté que un hombre me comentaba algo por lo que acto seguido de hablarme y yo sin responder, me tocó el hombro y volteé y me hizo plática, para que no fuera tan monótona la caminata sin conocer al menos al de tu lado izquierdo entablamos una conversación. Ya al llegar a la plaza de armas la plática se había hecho muy amena a la que se había unido su esposa y mi acompañante.
Se comenta esto porque después de un rato expresamos el porqué de acudir a la marcha, a lo que yo cubriendo mi primer trabajo de reportera contesté que era por simple apoyo a la marcha, pero es aquí donde perdiendo un poco la voz y con poco más el color él se sinceró conmigo para contarme del secuestro y asesinato de su único hijo. El señor Carlos y su esposa Rosa son comerciantes del mercado Adolfo López Mateos, no son personas de tanto dinero y los que expresaron así su dolor: “No sabrás jamás de este dolor hasta que no se experimenta en carne propia”, “es algo que te deja marcado de por vida”.
Las palabras eran conmovedoras pero no por el hecho de sentir su dolor, sino porque a cualquiera en este país le puede pasar. Después de lo contado se podía ver al señor y a su esposa de manera diferente, no con lástima sino con cierta reverencia.

Un Himno que habla de nuestras raíces

Al final de la marcha y ya con una amenaza de lluvia encima, después de haber caminado alrededor de dos horas, se entonó el himno nacional, un himno que nos remonta a nuestros principios y raíces, a lo que somos y un poco hemos olvidado. Se sintió bien escuchar a toda esa gente entonar un himno que nos une, se enchinaba la piel, y recordando un poco la situación del país y volviendo a la realidad, la gente esperaba algo más que unas cámaras grabando. Se esperaba algún representante que saliera a dar la cara, pero no fue así.
Muchos se preguntaron el porqué de hacer la marcha si al fin y al cabo nada se resolvería, pero se preguntaba también el que pasaría si no se hiciera cuando menos una marcha y pasara todo como si nada. Es cierto que pueden pasar una y otra marcha y que puede no cambiar nada, pero el hecho es no quedarse con las manos cruzadas.
Es cierto también que muchos de nosotros vivimos en una burbuja, ya sea creada por nosotros o por la misma sociedad, no queremos ver más allá del horizonte y como se me planteo, es necesario que la venda de todos los ojos caigan, y es verdad que la luz de la verdad lastima en primera instancia pero se puede hacer algo para quitar ese molestar en la vista. Alguien me dijo que el mundo es lo bastante nefasto como para cambiarlo pero puedes hacer acciones desde tu jardín como decía Kosinsky, para que el mundo se transforme a sí mismo.
Se sabe de antemano que esta lucha no es fácil, más no imposible, que habremos perdido un lucha más no la batalla, que habremos perdido a un Martí, a un Gutiérrez, a un Martínez pero serán los últimos, y sus muertes no serán en vano, de algo servirá esta marcha que se realizó. Es la multitud la que puede hacer algo, por el simple hecho de ser más en número que los malos, es cuestión de romper la burbuja y dejarte caer aunque duela.
Es tiempo ahora de reflexionar y poner también nosotros en juego nuestra responsabilidad social, no solo son las autoridades las que tienen que resolver todo, nosotros podemos ayudar en nivel colonia, escuela o lugar de trabajo, hay que contribuir a que esto cambie, no siendo corruptos cuando nos conviene y teniendo los ojos bien abiertos para que las cosas no sean como son ahora, que si escuchamos que hubo veinte murtos no lo olvidemos hoy ni mañana, sino nos cuestionemos el porqué de eso y hagamos conciencia que esos números son personas como tú o yo, y que mañana podemos ser nosotros.

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