Como su nombre lo indica, este cuento de Rubén Darío es una joya en si y la belleza con la que se nos plasma en la mente es de una narrativa sin igual.
Durante todo el cuento se habla de un paraíso, de una exuberancia en todos los detalles de aquella cueva que se describe tan extensamente.

Todo es poder y lujuria, todo se tienen al alcance de la mano y se tiene una sed insaciable por ser los que se encuentran en la cima de la belleza.
El poseer además una mujer que ama a otro hombre y que parece hacer el amor con el siempre que quiere, se muestra más que como un engaño como una fantasía, al imaginarla desnuda, entre una cama de pedazos de diamantes, es una figura erótica y de placer.
Tanto las espumas, como el agua que ríe es vivir en un mundo mágico, en el que lo bello es infame y la majestuosidad de lo que ahí se encuentra es más que normal, nos encontramos en un mundo de placeres y excentricidades.
Como hemos visto todas las descripciones y los escenarios que se nos presentan dentro son un claro ejemplo del modernismo que hablaremos más adelante.
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